
Pero el laberinto que conforman la red del alcantarillado, los túneles, los refugios antiaéreos y las grutas secretas se extiende bajo la epidermis de toda la ciudad. En los lugares más insospechados hay entradas poco conocidas para penetrar en esta Barcelona paralela que hace las delicias de visitantes curiosos, desde turistas a escritores en busca de la historia secreta de la ciudad.
Superando vías de metro, parkings y otras excavaciones, la red de alcantarillado transcurre bajo nuestros pies de punta a punta de la ciudad. Hay un tramo visitable al que se puede acceder, con cita previa, en el cruce del Paseo de San Juan con la calle Valencia. Es una visita que muestra la gran variedad de conductos de todas las épocas (incluso se halla en uso un tramo que data de la época romana) que recogen las aguas residuales de la ciudad.
Una instalación también relacionada con el agua, con cierto aire futurista, es el depósito subterráneo del Parc Joan Miró, cerca de la Plaça de Espanya, que, con más de 70.000 metros cúbicos de capacidad, sirve a la ciudad para el control de inundaciones y como depuradora.
A finales de los años 90 se inauguró la biblioteca de la Universitat Pompeu Fabra en el antiguo Dipòsit de les Aigües obra del arquitecto Josep Fontseré. Justo junto al edificio Jaume I del Campus de la Ciutadella con el que se comunica por un túnel subterráneo. En el otro extremo de Barcelona, en Sarrià-Sant Gervasi, se descubrió otro viejo depósito de aguas, el del Rei Martí, una de las muchas minas de agua potable que caracterizan los acuíferos de la Ciutat Comtal. Lleva muchos años en rehabilitación arquitectónica para convertirse en equipamiento cultural. Parece ser que en 2016 podremos disfrutar de los resultados.
Tras la proyección de Cataluña al mundo que supuso la Exposición Universal del 1888, la del 29 volvió a impulsar lo mejor de la arquitectura, el urbanismo, la industria y la tecnología de su capital. Muestra de ello es la construcción de la Fuente Mágica de Montjuïc. En 

