
Los arquitectos Josep Buixareu y Françesc Vila recibieron el encargo de Xifré y construyeron la casa sobre un enorme pórtico de columnas jónicas y gran cantidad de relieves en terracota con elementos alusivos a la procedencia de la fortuna de su propietario, a navegantes famosos y a figuras mitológicas. El lugar, cercano a la antigua sede de la Bolsa, el edificio de Correos y la Llotja de Mar, ha estado siempre relacionado con la prosperidad barcelonesa: además del famoso café, han ocupado sus locales numerosos bazares que albergaban parte de la actividad comercial propia del cercano puerto. Hay que aclarar que frecuentemente se confunde la casa Xifré con la casa Vidal Quadras e incluso con la casa Collaso. Ello se debe a la proximidad de las fechas de construcción y a las historias muy similares de las familias burguesas que costearon su construcción.
Los sótanos de la casa Vidal Cuadras, por ejemplo, también acogieron durante años la mítica Sala Monasterio donde actuaron importantes músicos nacionales e internacionales de rock, jazz, blues y músicas de distintos lugares del mundo. Pero además los edificios se relacionan con eventos y anécdotas como que Picasso pintó desde sus azoteas o como que el día 10 de noviembre del año 1839 se obtuvo en este lugar la primera fotografía realizada en España. Así lo atestigua una placa conmemorativa de tan importante acontecimiento. El periodista Josep Maria Carandell, fascinado por la historia de la casa, aseguraba que los Porxos d’en Xifré se organizan en base a ideas masónicas y señalaba como pruebas la combinación del siete con diversos símbolos matemáticos y científicos esculpidos en los frisos.
Pero centrémonos ahora en la historia del restaurante. El primer responsable del establecimiento fue el señor Josep Cuyás que traspasó el negocio a uno de los camareros, Joan Biscamps, y este a Bertomeu Grau. En las primeras décadas del siglo XX, el lugar se convirtió en un café muy famoso por los juegos de mesa y otras actividades sociales como el billar e, incluso, llegó a ser un café cantante. Aún en las piedras de su pared exterior se lee ANTIGUO CAFÉ Y BILLARES. El local se amplió con la compra de la que había sido la primera horchatería de Barcelona, la de Manuel Arnal, el célebre Tío Nelo o Tío Che, que aún hoy sirve la popular bebida en la Rambla del Poblenou. Alrededor de la Exposición Internacional de 1929, es el matrimonio Morera quien toma la dirección del 7 puertas para orientarlo hacia una actividad gastronómica de nivel que convierte el café en restaurante. Un desfile de políticos, periodistas, escritores y artistas se sucederá hasta los años 40 cuando los Morera deciden jubilarse.
Para conseguir su continuidad, la solera de este restaurante no podía más que apoyarse en otro lugar con historia. Cuentan que un 
