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“La Estación de Francia fue la catedral laica de Barcelona, cuando dios era huir.”
Josele Sangüesa, músico y escritor

A pesar de que, en 1848, la primera línea de ferrocarril que funcionó en España lo hizo entre Barcelona y Mataró, la Ciudad Condal no tuvo hasta 1929 una estación acorde a su categoría, al estilo de las de París, Milán o Lyon.

Estación Francia 1928El edificio de la Estación de Francia, en un principio llamado Barcelona-Término, se proyectó en 1900 y no se concluyó hasta la década de los años treinta. Muchas y diversas fueron las causas. Desde 1898, la compañía ferroviaria MZA disponía de los terrenos para construir la estación pero, en realidad, solo disponía de un montón de problemas: las instalaciones obsoletas de la antigua estación; un desarrollo urbanístico muy avanzado que no dejaba muchas opciones a seguir; limitaciones geográficas: mar al este, montaña al oeste; tramos de muralla ciñendo aún partes del casco viejo; el paso del Rec Comtal, ese viejo canal de abastecimiento de agua a la ciudad de origen romano… y a todo ello se sumaba el problema del trazado de vías de la legendaria Barcelona-Mataró.
Así las cosas, el aristócrata ingeniero Eduardo Maristany, marqués de la Argentera, se atreve a emprender el proyecto de una gran estación en forma de U, de doble nave, con una docena de vías, espacios de carga y descarga, almacenes de mercancías, oficinas de correos, pabellones de servicio y un vestíbulo enorme. Varias empresas de la época participaron de la magna obra como La Maquinista Terrestre y Marítima, histórica fábrica metalúrgica con sede en el vecino barrio de La Barceloneta. La parte de lucimiento ornamental fue obra de Pedro Muguruza, un arquitecto conocido por sus proyectos faraónicos en Madrid como el Teatro Real, el Museo del Prado la Estación del Norte, conocida como Príncipe Pío. Más tarde fue uno de los primeros proyectistas del Valle de los Caídos. Otros arquitectos colaboraron a la majestuosidad del recinto como Raimon Duran y Reynals o Pelai Martínez y Aparicio autores del restaurante y del gran vestíbulo novecentista de 17 por 73 metros.

Estació_de_França_Barcelona_CataloniaNo todas las partes del edificio de viajeros han llegado a nuestros días. La estación fue objetivo bélico durante la Guerra Civil española y sufrió desperfectos. Pero la grandiosidad del proyecto es muy evidente; no sólo en lo monumental con, por ejemplo, su cubierta de dos gigantes marquesinas metálicas de 29 metros de alto y 195 metros de longitud, sino en la nobleza de los materiales escogidos y en detalles lujosos como el bronce en los capiteles del vestíbulo o en las rejas de las taquillas. La forja de las puertas principales también es de admirar, y el suelo de mármol y las pinturas del techo…Barcelona tenía, por fin, su flamante Gran Estación.
Para no faltar a la verdad, debemos reconocer que el estilo no era exactamente el que hubiera correspondido a la importante modernización de estructuras urbanas que protagonizaba Barcelona en ese momento. Pero la falta de modernidad estilística se compensó con los grandes avances técnicos que se implementaron: el tendido eléctrico, los corredores subterráneos para la movilización de las mercancías o los topes hidráulicos, con sus remates de color rojo, fabricados en Ipswich, Inglaterra, y muy bien conservados.

La Estación de Francia o a las puertas de Barcelona

La inauguración tuvo lugar el 2 de junio de 1929, a dos semanas de otro gran evento: la Exposición Universal. Allí estuvo el mismísimo Alfonso XIII, que reparaba así la afrenta de la Exposición de 1888 celebrada sin contar con una Estación decente para recibir a los visitantes. La Exposición Universal del 29 significó un buen momento para la Estación de Francia; seguido mucho más tarde por los movimientos migratorios de la postguerra que la convirtieron en un escenario natural de tránsito de españoles. ¿Su última etapa de gloria? La celebración de las Olimpiadas de 1992 en Barcelona que supuso una rehabilitación merecedora del premio Brunel 92 de Arquitectura Ferroviaria.
En el siglo XXI, la Estación ha visto disminuir su tráfico a favor de la Estación de Sants, mejor conectada con otras destinaciones y, por supuesto, más moderna. Hoy en día, a ella solo llegan los regionales de Renfe y, como alternativa a su infrautilización, el monumental edificio se utiliza para eventos culturales y de ocio. Quienes sigan las rutas turísticas o los adictos a pasear su ciudad la encontrarán fácilmente en su camino por su privilegiada situación: cerca del barrio de la Barceloneta, del Parque de la Ciutadella, del Casco Antiguo, del puerto y del Antiguo Mercado del Borne hoy convertido en Centro Cultural. Ha servido como escenario de numerosas películas: Las maletas de Tulse Luper de Peter Greenaway, Quiéreme dirigida por Beda Docampo o Biutiful rodada por Alejandro González. También la incluyen como referente de obligada visita las rutas literarias de las obras como Nada de Carmen Laforet o Marina de Carlos Ruíz Zafón o La Ciudad de los Prodigios de Eduardo Mendoza. Sus protagonistas llegaron a esta estación de tren en algún momento de sus vidas de ficción y desde sus andenes comenzaron a caminar por una Barcelona de tinta y papel.