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Las desavenencias del famoso pintor Pablo Picasso con el régimen franquista no hicieron sencilla la tarea de establecer un Museo que reuniera sus obras. Al menos no fue posible durante la década de los años cincuenta ni en Málaga, su ciudad natal, ni en Barcelona. Así hasta que su fiel amigo y secretario Jaume Sabartés consiguió inaugurarlo con la donación de su propia colección y con un acuerdo con el alcalde Barcelona, Josep María de Porcioles. Sí, aunque hoy conste de más de 3500 obras, la colección comenzó con muchas menos. Los turistas pueden disfrutar de algunas muy conocidas del autor como Arlequín, la reinterpretación de La Meninas, Retrato de Jacqueline con cinta
Pero ¿se nos permite una recomendación? Hay que sacar tiempo de donde sea para poner atención en los aspectos más desconocidos de la obra del insigne malagueño que se guardan en este museo. Por ejemplo, las 42 piezas de cerámica que su viuda Jacqueline Roque donó en 1982. O la colección de grabados con series como las magistrales Minotauromaquia, Las metamorfosis de Ovidio o las Ilustraciones para la Celestina.
En otra ocasión os hablaremos de estas obras casi “secretas” del autor por lo desconocidas que son del gran público. Hoy queremos explicaros la historia de las piedras que acogen parte de la inmensa obra del artista.

Cinco palacios en uno para el Museo Picasso

Si el contenido del Museo Picasso es interesante, el continente no lo es menos. Se trata de cinco obras del gótico civil, residencias de nobles y burgueses desde el siglo XIII, con remodelaciones siglo tras siglo que le confieren un interés arquitectónico notable.
Situadas en la famosa calle Montcada, que debe su nombre a una importante familia aliada de rey Ramón Berenguer IV, dibuja un trazado que empieza en la capilla románica de Marcús y termina en la plaza del Born. Una calle entera hasta el siglo XIX, cuando fue dividida por la apertura de la calle Princesa.

Los cinco palacios para el rey del Cubismo

La calle Montcadaexposició picasso fue “cediendo” sus palacios a la causa de acoger la extensa producción del malagueño. La primera sede fue el palacio Aguilar (Montcada, 15) en el que se hallaron restos de un gran fresco de finales del siglo XIII representando nada menos que la conquista de Mallorca por Jaime I. Ahora el cuadro se halla en el Museu Nacional d’Art de Catalunya. El Ayuntamiento adquirió el edificio en 1953 y una década después se inauguraba el Museo.

El Palau Aguilar fue comprado por Berenguer de Aguilar en 1400 y la familia era la propietaria hasta 1837. Desde allí, el palacio pertenecía a las familias Clerch y Pons y en 1953, fue comprado por el Ayuntamiento de Barcelona para una renovación importante porque el edificio estaba en muy mal estado.
Hoy, aquí es donde puedes maravillarte con la actuación de Picasso de Meninas de Velázquez y un techo de madera artesonado original del siglo XVII.

Más tarde se anexionó el Palacio del Baró de Castellet (Montcada, 17) con la estructura común a todos los palacios de la calle que se construían alrededor de un patio central con escalinata y arcos. Son los patios donde vemos descansar a los numerosísimos turistas que visitan el museo. La fachada del Palau del Baró de Castellet conserva un relieve temático religioso del siglo XVI y una sala de estar de estilo neoclásico. De hecho, es en esta sala donde admirarás la cerámica de Jacqueline, la última esposa de Picasso.
La última gran ampliación fue la del Palacio Meca (Montcada, 19) que perteneció a insignes familias catalanas y que, antes de ser adquirido por el museo, fue un Montepío, esas antiguas organizaciones de las entidades bancarias que hoy se llaman Obra Social. Pero también se han sumado los metros cuadrados del Palacio Finestres (Montcada, 23) y los de la Casa Mauri (Montcada, 21) ambas construcciones con basamentos de origen romano. La última se llama así por haber sido propiedad de la familia Mauri famosos pasteleros de la ciudad de Barcelona.
La Casa Mauri es el único edificio construido recientemente, en el siglo XVIII sobre los cimientos de una villa del romano Barcino. Además, en la fachada hay una celosía, este tipo de ventana utilizada por las mujeres de la época para mirar a la calle sin ser vistas.
En cuanto al número de visitantes, el Museo Picasso de Barcelona vende más de un millón de entradas cada año. Por eso, le recomendamos encarecidamente que compre sus entradas con antelación, pero si desea descubrir la Barcelona de Picasso y su museo, una visita guiada es ideal.

Y un palacio más

palau dalmasesLa calle de Montcada, que como dijimos, constituye hoy el núcleo de arquitectura civil medieval más importante de la ciudad, posee muchas más construcciones nobles además de las mencionadas del Museo Picasso y no podemos hablar aquí de todas. Pero si disponéis de un minuto no dejéis de ver el patio interior del Palacio Dalmases (Montcada, 20). Data del siglo XVII y lo que vemos es fruto de la reforma de un edificio anterior gótico. Con su capillita de bóveda estrellada y sus ángeles músicos o sus arcos rampantes de retorcidas columnas salomónicas, es una delicia presidida por relieves del Rapto de Europa y el carro de Neptuno y suele estar bastante tranquilo.

Si cerramos los ojos aún podemos ver pasear sobre sus losas a imponentes nobles o acaudalados mercaderes, enriquecidos con el comercio marítimo. Pero en seguida aparecerá un hombre de cabellos blanco, grandes ojos oscuros, con camiseta a rayas y pinceles en la mano. Aquí Pablo Picasso, aquí unos amigos.